Grandes capitales, grandes empresas, los gobiernos, las iglesias, los partidos políticos y hasta los conglomerados periodísticos han detentado el poder durante siglos, dejando al público de a pie, a las grandes masas, como meros oyentes y receptores de mensajes con los que, muchas veces, no están de acuerdo y sólo les quedaba acatar y tratar de seguir adelante en un mundo regido por unos pocos, las elites. Eran ellas quienes decidían qué, cómo, cuando y a quienes transmitir sus mensajes.

Pero todo esto ha cambiado en las últimas dos décadas, la masificación de la comunicación digital, léase las redes sociales e internet, llegaron para quedarse y para democratizar la comunicación dando voz a quienes antes eran mudos. Los individuos se han transformado en un nuevo poder que puede ser favorable, pero también presentar grandes obstáculos al poder tradicional. Hoy los llamamos stakeholders. Ellos están observando permanentemente el accionar de todo tipo de organizaciones y, más aún se pueden movilizar con gran efectividad y rapidez. Sólo es necesario que algo se haga viral para captar la atención de la prensa y convertirse así en una oportunidad o una gran crisis para quien fue mencionado, ya sea el gobierno, una empresa o cualquier culto o iglesia.

Así, el relacionamiento con estos públicos de interés es relevante y el encargado de hacerlo es el área de asuntos corporativos, que mejor debe llamarse de comunicación estratégica. Pero no basta con emitir mensajes cosméticos, de esos que tratan de tapar el Sol con un dedo y que sólo buscan disfrazar una realidad y, junto con ello, postergar una crisis que con el tiempo lo único que puede hacer es agravarse.

La comunicación estratégica debe saber vincularse de manera dialogante y transparente con los públicos de interés críticos que afectan o pueden ser afectados por la misión y estrategia de cualquier organización. Ejemplos de un mal relacionamiento hay muchos, como el ocultamiento de la corrupción dentro de un gobierno, no informar adecuadamente sobre la falla en algún producto de consumo masivo o, el muy bien conocido comportamiento de la Iglesia Católica al ocultar y disfrazar por décadas los abusos sexuales.

Si a todo esto le sumamos el contexto digital, se impone una nueva manera de relacionamiento. La comunicación ya no es unidireccional desde un emisor omnipotente a un receptor pasivo. Hoy la comunicación es bidireccional, donde roles de emisor y receptor se alternan cada vez con mayor velocidad. También es multidireccional al permitir a millones de personas conectarse, conocer y responder a determinado mensaje.

Como decíamos, esto puede debilitar el poder tradicional, pero si se sabe manejar bien, puede convertirse en una fortaleza al aprovechar el ciberespacio y el interés de los individuos para anticipar crisis o bien para adelantarse en obtener ventajas frente a la competencia.

En Periplo Comunicaciones, estamos dispuestos a ayudarlo a conocer bien los riesgos, fortalezas, debilidades y ventajes que puede traer el adecuado relacionamiento con los públicos de interés críticos. Las oportunidades son enormes, especialmente en estos tiempos de muchos cambios sociales, demográficos, culturales y generacionales.