Jamil Zaki, psicólogo y director del Stanford Social Neuroscience Lab , advierte que la #empatía está en peligro en nuestra cultura— es mucho más que una reflexión social o un tema de salud mental: es un llamado de alerta para las organizaciones que apuestan por la #comunicaciónestratégica y la #comunicacióninterna como palancas de cohesión y #competitividad.
Zaki advierte sobre un escenario donde la prisa, la virtualidad y la cultura del «like» sustituyen la escucha activa, reduciendo la empatía a gestos superficiales. Esta alerta tiene consecuencias directas en la forma en que las empresas deben pensar sus sistemas de #comunicación.
La #comunicacióninterna tiene como objetivo esencial fortalecer el #capitalhumano y alinear a las personas en torno a un proyecto común. Según los manuales especializados, no basta con enviar información unidireccional: se requiere diálogo, escucha y espacios para compartir opiniones y construir acuerdos. Cuando la empatía se debilita en la cultura general, las empresas corren el riesgo de replicar esos mismos problemas puertas adentro: líderes que no escuchan, trabajadores que no confían, conflictos que se agravan por falta de diálogo y rumores que reemplazan a la información oficial.
La #comunicaciónestratégica, por su parte, es mucho más que la difusión de mensajes pulidos o campañas atractivas. Es, en dos palabras, la estrategia comunicada. Requiere análisis del entorno, identificación de públicos clave, escucha activa y capacidad de ajuste. Su esencia es el diálogo con los #stakeholders, internos y externos, para construir confianza y legitimidad. En un contexto donde la empatía se erosiona, la comunicación estratégica debe contrarrestar esa tendencia generando vínculos auténticos y consistentes, con mensajes claros, pero también con apertura para recibir críticas y sugerencias.
En términos prácticos, la amenaza a la empatía obliga a redoblar el foco en varios principios de la buena comunicación organizacional:
- Bidireccionalidad: No solo informar, sino garantizar el feedback, escuchando con atención genuina.
- Coherencia: Alinear el discurso interno y externo para que no se perciban dobles discursos.
- Confianza: Generar espacios seguros donde los equipos puedan expresar preocupaciones y propuestas sin temor.
- Participación: Construir sentido compartido de misión y visión con todos los niveles de la organización.
- Gestión de intangibles: Reconocer que la empatía, la cultura organizacional y el clima laboral son activos estratégicos, no costos.
Por eso, más que un problema individual o psicológico, la «crisis de la empatía» es un desafío de gestión. Y la herramienta para enfrentarlo no es otra que la comunicación bien entendida: profesional, planificada, estratégica e integral.
En este sentido, las organizaciones tienen hoy la responsabilidad —y la oportunidad— de ser espacios donde la empatía se reconstruya. No solo por razones éticas, sino porque su #sostenibilidad depende de ello.